jueves, 16 de marzo de 2017

No hay fronteras para el ebook

Siempre que hablo de las ventajas que tiene el libro electrónico paralelamente, nunca frente a ni contra, a las virtudes que tiene el libro impreso, una de las que menciono es que téoricamente, no hay ninguna frontera que pueda frenar la distribución y venta de los ebooks. Obviamente otro tema muy diferente es dónde tienes derecho a venderlos y dónde quieres hacerlo.

Siempre que puedo me gusta acompañar lo que modestamente intento afirmar con alguna clase de prueba o ejemplo. Por eso me ha encanto leer el artículo que publican en Wiriko, un magazine sobre artes y culturas africanas, hablando de la experiencia de un pequeño sello digital, Bahati Books.


Cuando Barbara Njau y Kudakwashe Kamupira cruzaron sus caminos en Londres, y comprobaron que tenían el deseo común de publicar autores africanos, para lectores africanos, y para cualquiera que se quiera acercar a este tipo de literatura sin prejuicios, decidieron poner en marcha una editorial usando el formato que les permitiría traspasar fronteras con mayor facilidad, el digital. Un caso muy similar al de 2709 books, con obras alejadas de los estereotipos que tenemos sobre el continente, y sobre todo variadas.

¿Por qué publican en digital? Por un lado pensando en reducir los gastos de distribución y transporte y por otro, aún más importante, con la intención de llegar al máximo de gente posible, independientemente del país en el que residan. Un espíritu que compartimos. Les deseo lo mejor.

jueves, 9 de marzo de 2017

El teléfono móvil gana al libro… en el cuarto de baño

Créditos de la imagen: Theen ... via VisualHunt / CC BY-NC-SA
Hace un par de semanas leí el titular de un artículo en Librópatas que me dejó francamente sorprendida, que afirmaba que solo un 7% de españoles leía en el cuarto de baño. Recuerdo haber pensado, ingenua de mí, qué podrían hacer el 93% restante, cuando, en mi opinión, una de las mejores situaciones y localizaciones para ejercitar y disfrutar de la lectura es precisamente en esos momentos de intimidad que transcurren en la estancia mencionada. La respuesta me llegó al leer el artículo en profundidad, y volví a recordarlo al encontrarme de nuevo con el estudio* al que hace referencia, elaborado por Renova, unos días más tarde, gracias a la estupenda recopilación de noticias que hace Julián Marquina en su boletín semanal acerca del mundo de las bibliotecas y la lectura: el 92% de los españoles utiliza el teléfono inteligente en el baño.

Después de tanto tiempo escuchando que cada vez se lee menos y que las nuevas tecnologías están matando las opciones de ocio tradicionales, como la lectura, este estudio parece demostrar que, al menos en el baño, el teléfono móvil sí se ha "comido" al libro. Sin embargo, aunque los contenidos, por lo que parece principalmente provenientes de redes sociales, el formato y el soporte sean otros, al fin y al cabo lo que se hace es leer. Y a mí, de todas formas, siempre me queda la esperanza de que parte de esos “usuarios” utilicen su teléfono para leer libros electrónicos. Una amiga me ha contado que ella lo hace…

*No voy a tocar en esta entrada uno de los aspectos que analiza el estudio, el hecho de que una buena parte de los encuestados se hacen autofotos cuando están, precisamente, en el baño, asunto que merece un artículo por sí mismo pero que yo no me siento preparada para tratar. Ahí os dejo un temazo.

jueves, 2 de marzo de 2017

Hay librerías y librerías, y también está el VIPS

Va a parecer que tenemos una pequeña obsesión con Alberto Olmos, ya que lo vamos a citar por segunda semana consecutiva, y en mi caso no es la primera vez que lo hago. Se da la curiosa circunstancia de que no suelo estar de acuerdo con él, pero siempre me hace reflexionar, llegar a mis propias opiniones a partir de sus puntos de partida. Este puede ser uno de esos casos.

Generalmente en redes sociales lo que leemos a diario es una defensa cerrada de las librerías independientes, y aunque podemos sospechar que hay mucho de pose en las manifestaciones de mucha gente, la verdad es que yo también creo que es el mejor modelo posible tanto para la defensa del libro en general, como para la defensa de su variedad. Casi siempre es el único sitio donde podemos encontrar libros de pequeñas editoriales, trastear entre sus estanterías, conocer nuevas propuestas más allá de lo que vemos en los anaqueles de El Corte Inglés y en la mermada y dirigida sección de cultura de los telediarios.

Ahora bien...

En mi caso, viviendo en una pequeña ciudad, como se suele decir, de provincias, he de preparar una auténtica excursión para pasar una tarde de librerías, más o menos independientes. Y sí, lo reconozco, tirando de Amazon encuentro casi todo lo que busco. También visito librerías independientes, pero casi siempre online, y en ocasiones compro directamente en la web de las editoriales.

Defiendo, puede que más de boquilla, el modelo de la librería independiente de barrio, pero no soy usuario habitual, esa es la realidad; entendiendo como habitual una frecuencia mínima de visita semanal.



Vamos con Olmos. Titula su último artículo El Vips es la mejor librería de la ciudad, y sí, por supuesto, busca provocar, pero es un artículo muy inteligente, ya que sí que justifica y argumenta su afirmación, aunque también deje claro que donde se dejaría todos los cuartos es en una librería independiente "de verdad".

Para que este artículo no quede en una simple reflexión voy a terminar poniendo un pequeño ladrillo en defensa de las librerías independientes, y lo voy a hacer de la mano de Laura Huerga, editora de Rayo Verde, que en este artículo de La Vanguardia defiende con tesón a la librería Espai Contrabandos con estas palabras:
"Es que me gusta especialmente porque todos los libros que tiene son de editoriales independientes y fomentan el pensamiento crítico y el compromiso social. Además, me encanta cómo distribuyen los títulos: en lugar de organizarlos por temas, lo hacen por editoriales, lo que te permite verlos de otra manera".

jueves, 23 de febrero de 2017

La supervivencia de las pequeñas editoriales

Estamos en pleno proceso de edición de un nuevo título y hace días que no me quito de la cabeza un artículo de Alberto Olmos que leí hace ya algún tiempo en Zenda. Afirma Olmos que las pequeñas editoriales están condenadas a la desaparición, proposición con la que no discrepo en términos absolutos aunque yo hablaría más de obsolescencia programada; al fin y al cabo, las que son verdaderamente pequeñas duran lo que dura su editor (publicador), o incluso menos. Hace especial hincapié Olmos en la dificultad añadida que sufren las editoriales que publican autores españoles noveles, algo en lo que también coincido hasta un punto, sobre todo en lo que se refiere a la crítica y a la percepción general de prestigo de la propia editorial.

No descubro la pólvora si digo que las editoriales pequeñas tienen muchos retos que afrontar, algunos de los cuales afectan directamente a su supervivencia, pero también creo que disfrutan de buenas oportunidades, que, bien aprovechadas, pueden realmente alargar su fecha de caducidad. Dejando aparte el tema de la búsqueda de la excelencia en el catálogo y de la calidad, uno de los factores más importantes para la supervivencia de una pequeña editorial es, en mi opinión, la cercanía al lector. No se trata solo de construir un catálogo con identidad y relevancia, sino que este sea relevante para los lectores. No todos los lectores, eso es imposible, sino tus lectores. Y eso solo se consigue si los conoces, si llegas a ellos, si los invitas a tu casa. No es cosa fácil, pero creo que cuanto más pequeño eres más posibilidades tienes de hacerlo, o al menos de intentarlo.

Me ha parecido especialmente inspiradora esta entrevista a Rogelio Riverón, director de Letras Cubanas, editorial con 40 años de experiencia. Empezando por el titular, que va en la línea de mis reflexiones anteriores, y terminando por la sinceridad de sus afirmaciones sobre lo que le satisface y no del funcionamiento de la propia editorial, con las que me identifico en buena medida. Precisamente son esos puntos, entre otros, con los que yo también me siento insatisfecha —la promoción que podemos hacer de nuestros títulos y autores, la preocupación por la calidad, el largo tiempo que llevan algunos proyectos— y que también considero clave para la supervivencia de las pequeñas editoriales.

jueves, 16 de febrero de 2017

Braibook, el dispositivo de lectura que "traduce" al braille

Creo que no sorprendo a nadie si afirmo que, en el caso de la adopción como algo cotidiano del libro electrónico hay una gran resistencia que no hemos visto, por ejemplo, con los soportes digitales de la música o el cine; soportes que cambian a una velocidad vertiginosa.

Las causas son múltiples, y van desde lo insólitamente perfecto que es un libro impreso para cumplir su función, hasta la falta de confianza de algunos lectores, pero sobre todo se debe a las reticencias de la industria editorial, tanto grandes como pequeños diría yo, que ven en el libro electrónico un enemigo, cuando solo es un formato de lectura más. Entiendo que hay problemas, como el de la piratería, que existe, aunque siempre se sobredimensione, que crean incertidumbre sobre los modelos de negocio en torno al libro electrónico, una vez que (casi) todos tenemos claro que el DRM más que una solución era otro problema.

Pero, ¿por qué casi nunca se habla de las ventajas del libro electrónico?, porque existen, y de variada naturaleza. Existen ventajas para los lectores, como el hecho de llevar cientos de lecturas en un solo dispositivo; existen ventajas, aunque parezca mentira, para la industria editorial, como la eliminación de excedentes, de invendidos, y lo sencillo que, en teoría, es distribuir tus textos por todo el mundo; y existen lo que yo llamaría ventajas para la sociedad, como el caso que hoy os traigo.



He encontrado la información sobre el Braibook en lo que parece ser la web de un concurso de emprendedores, en el que el proyecto ha obtenido una ayuda para salir adelante. En dicha web lo definen como un libro electrónico para personas ciegas. Yo me he decantado por una palabra mucho más genérica, dispositivo, ya que este aparato se aleja mucho de la típica idea que nos viene a la mente al pensar en un lector electrónico. No tiene pantalla, ni de tinta electrónica ni de otro tipo, ya que su función es, como explican en el vídeo, traducir de cualquier formato al braille.

De todas formas, ya hemos hablado en alguna ocasión de que una función tan sencilla como la que en los lectores electrónicos permite cambiar a nuestro antojo el tamaño y el tipo de letra, tiene considerables ventajas no solo para personas con problemas leves de visión, también para lectores con dislexia.

¿Por qué no hablamos un poquito más de estas cosas?

viernes, 10 de febrero de 2017

Titulares alarmistas o cómo “vender” un artículo

Créditos de la foto: KatJaTo via VisualHunt / CC BY
Hace unos días casi me atraganto con un artículo de El Diario, que empecé a leer pensando, inocentemente, que se limitaría a enumerar, por enésima vez, los problemas de privacidad a los que los "terroríficos" libros electrónicos nos someten. Pero no, esta vez todavía era peor: utilizando una explicación técnica que ni si quiera los que nos dedicamos a esto podemos seguir muy fácilmente, afirmaba que los libros digitales son vulnerables a ataques de hackers que podrían robar nuestros datos a través de la wifi. Lo que nos faltaba.

Gracias a este otro artículo de The Digital Reader [en inglés], y tras otra explicación técnica, descubro que el problema no solo ya está solucionado sino que es bastante improbable que haya generado ningún ataque efectivo. Pero, ¿dice algo de esto el artículo de El Diario? No; en cambio, nos deja con la impresión de que si hemos comprado libros electrónicos en Amazon, Google o Apple, ya podemos dar por pirateados nuestros datos.

Y, por enésima vez, yo me pregunto: ¿es realmente necesario usar cualquier argumento para atacar a los ebooks? ¿O quizás es solo un recurso para conseguir más lectores gracias a un titular alarmista? O puede que el objetivo en esta ocasión sean las grandes plataformas. En cualquiera de los casos, no podía estar más de acuerdo con el último artículo de Manuel Gil en su blog @ntinomias libro: hay mucha desinformación (y yo me inclino por la segunda acepción del término, la que incluye intención) con respecto a la edición digital

jueves, 2 de febrero de 2017

Promoviendo la literatura a golpe de hashtag

Por mucho que a algunos nos apasione este mundo, hay que reconocer que en ocasiones las redes sociales se convierten en un magma indigerible de posturas enconadas, información que no nos interesa, bulos... Y tengamos en cuenta que además de las grandes marcas ya han desembarcado en ellas todo tipo de famosos, políticos e instituciones. Algo en principio lógico e interesante, pero que nos obliga a seleccionar con quién interactuamos de forma más rigurosa, si queremos que la experiencia en Internet sea positiva.

Por eso, cada vez que en redes vemos una campaña promoviendo la literatura es una pequeña alegría, especialmente si son interesantes y están bien hechas, y en algunos casos es así. Aclarar que la piedra de toque para una campaña suele ser un hashtag bien escogido, que se convierte en un vínculo que le lleva a una búsqueda de la palabra. Matizar también que donde mejor funciona esta herramienta es en Twitter, pero aunque menos gente lo use en otras redes como Facebook también pueden resultar de utilidad. 

Vamos con algunos ejemplos de campañas:
  • #100lecturasafricanas: Una campaña puesta en marcha desde el blog LitERaFRicAs, de Sonia FQ. He tenido la suerte de participar y realmente hay mucha gente siguiéndolo. Durante 100 días otras tantas personas hacen su recomendación personal, un título que quieran recomendar a la comunidad internetera interesada en la literatura africana.
  • #AdoptaUnaAutora: Según las palabras de la propia impulsora de la idea se trata de un "proyecto para dar a conocer la vida y obra de escritoras de cualquier época, país, lengua, religión, raza, cultura…" El tema va más allá de hacer una recomendación, sino que realmente tienes que ejercer de progenitor de la autora, hablar de ella durante tiempo indefinido y compartir en redes aspectos interesante sobre su vida y su obra. Si os interesa el tema aquí tenéis las condiciones para participar.
  • #PríncipeRana: Como más de uno habrá intuido, esta iniciativa las las tuiteras @nosololeo y @lecturinalove va de literatura romántica. O no, ya que como bien explican aquí se trata de recomendar, durante el mes de febrero, mes romántico por excelencia, libros que tengan una bonita historia de amor, independientemente de su género. Aquí lo cuentan.
Hay muchísimos hashtag literarios más, pero algunos quizás nos los podríamos encajar en el concepto "campaña", y no estoy diciendo que no sean, que en un momento dado alguien no propusiera ponerlo en marcha, pero el caso es que estoy seguro de que, por ejemplo #estoyleyendo o #leoycomparto ahora se usan en cualquier momento, cuando apetece hablar de la última lectura que se tiene entre manos, y no parecen tener unas condiciones específicas para participar.

Como siempre tenéis los comentarios abiertos para comentar campañas o hashtag literarios que conocéis.