jueves, 1 de diciembre de 2016

Un libro electrónico es un libro, estúpido

Si doy por hecho que es cierta y definitiva la noticia que bajo el título Europa acaba con la discriminación del IVA electrónico publican en el magazine CTXT, puede suponer, de una vez por todas, el fin de la que es, para mí, una discriminación flagrante: la diferencia entre el IVA que el consumidor tiene que pagar al adquirir una misma obra literaria en formato papel (4%) o en formato digital (21%, el tipo máximo).

Cuenta el redactor de la noticia que España se va a ver abocada a equiparar los impuestos indirectos de las publicaciones impresas y de las digitales. Ahora está por ver si algún lumbreras decide que la forma de hacerlo es subiendo el IVA "al papel", que ya estamos aquí todos curados de espanto. De hecho, cada país de la UE podrá seguir fijando el IVA que quiera, ya que lo que se regula es la eliminación de esta absurda diferencia.

Está claro que para la editoriales, y los grupos de prensa también, que trabajan en formatos digitales, este tema ha supuesto un perjuicio económico, pero en el caso del mundo del libro, por decirlo de un modo rimbombante, ha supuesto un ninguneo a la calidad del trabajo de mucha gente. Hablo de trabajo bien hecho, en el caso de editoriales como sinerrata, que funcionan en todos los aspectos, menos en el del formato elegido, de forma convencional: apostando por la obra de un autor y defendiéndola contra viento y marea. Y añadiría yo, sin dejar nunca atrás a un libro anteriormente publicado, ya que en nuestro caso "no se agotan las ediciones", y un libro no se tiene que "apartar para dejar paso a otro".

Mucha gente ha jugado en este tema al despiste, intentando que se confunda publicar en digital con autopublicación, sin que tengan necesariamente que ser dos cosas que van de la mano. (Puede haber mucha calidad en la autopublicación, pero no hay filtros, y hay de todo). De algún modo muchos consideran un libro digital una especie de obra de tercera categoría, mientras que en los casos del cine y de la música ya todo el mundo ha asumido el vertiginoso paso de unos formatos a otros.

Para los amantes de las batallas cuando no debería haberlas, los que agitan contentos las estadísticas cuando al parecer dicen que el libro electrónico no crece todo lo rápido que debería, (su cuota de mercado, claro), decirles únicamente que lo que importa es la literatura, lo que importa es el contenido, y eso es lo que algunos amamos, venga en el soporte que venga. Leemos lo que nos cae en las manos, en digital o en papel según las circunstancias, porque lo que nos pierde no son los bits de información ni la celulosa: son los libros.

jueves, 24 de noviembre de 2016

En defensa de la cultura como profesión

Tengo que admitir que, a menudo, los discursos en defensa de la cultura (como negocio), normalmente por miembros del propio sector, me dan cierta pereza. Probablemente esté influenciada por ciertos prejuicios, pero he escuchado ya demasiados que básicamente se fundamentan en la queja y el lloro por lo mal que están las cosas para sus respectivos negocios (editoriales, librerías, cines, teatros…) y piden ayuda institucional en forma de ventajas fiscales y, la palabra mágica en nuestro país, subvenciones. Ojo, que no estoy diciendo que esto no pueda tener su utilidad, pero dudo, y mucho, que sean parte relevante de la solución. Por ejemplo, si una editorial no es rentable, da igual cuántas subvenciones reciba que seguirá sin serlo, aunque sin duda se prolongará su vida artificialmente mientras estas continúen. (En el caso contrario, me consta que hay determinadas obras de gran valor que nunca verían la luz si no fuera por contar con alguna ayuda, a la edición o a la traducción, porque su potencial comercial no lo permitiría.) En el caso concreto del libro electrónico, ya me habréis oído (o leído) pedir su equiparación con el impreso a nivel de IVA, pero en mi caso porque me parece no solo una injusticia que sea tratado de forma diferente tributariamente sino porque además creo que esa diferenciación contribuye a la impresión de que el ebook es un libro de segunda (si acaso es un libro); sin embargo nunca se me ocurrirá decir que por culpa de ese 21% la edición digital no arranca o mi editorial no sobrevive.

Es por eso que cuando leí esta entrada en el blog Viajero a Ítaca, me sentí totalmente identificada con el mensaje: defender la cultura como profesión digna y económicamente rentable. Creo que el caso de los creadores (escritores, artistas, intérpretes) es el peor, pero es común que los profesionales de la cultura en general, sea en el ámbito que sea, se consideren seres peculiares que trabajan por amor al arte y tiene derecho a cobrar algo por su trabajo pero no tanto a vivir de ello (exceptuando los grandes genios en cada disciplina, claro). Y es una vida dura, porque por muy vocacional que sea, es agotador luchar por el siguiente contrato, vender el siguiente cuadro, dar a conocer la siguiente novela…

Yo, como el viajero, también sueño con ayuda institucional, pero esa que promueve la lectura, las visitas a museos, al cine, al teatro… y dignifica a todos los que se dedican o quieren dedicarse a que todos seamos un poco más ricos, un poco más cultos

viernes, 18 de noviembre de 2016

Libros y televisión: el problema no es Milá

Yendo al grano: yo creo que el problema es la absoluta y total ausencia de los libros en la televisión, de programas sobre libros, sean buenos o malos. Tengo que reconocer, lo primero, que no he visto el primer programa, ni pienso ver los siguientes de ConvénZeme, la propuesta televisiva sobre libros que presenta la periodista Mercedes Milá, en un canal que a día hoy no sé siquiera si tengo sintonizado.


Es curioso, a mí no me molesta en absoluto la existencia de los realities, pero parece ser lo único que emiten los últimos canales que han venido a poblar la TDT. Hay muchos canales, pero no hay posibilidad de elegir, todo es parecido. Y no, no hay programas sobre libros. Probablemente si tuvieramos una oferta decente al respecto no nos preocuparía si uno de estos programas lo presenta Milá, o Sánchez Dragó; eligiríamos el que más nos gusta. 

A día de hoy, que yo sepa, tenemos Página 2, con un formato que a mí me gusta bastante. Y tenemos ConvénZeme, que al parecer no convence. Y es que en las redes sociales todos se han lanzado a criticar el nacimiento de este programa, (en las redes sociales y columnistas como Alberto Olmos), cuando la crítica debería ser el poco caso que desde la televisión se le hace a los libros, salvo que narren las vivencias del algún famoso de turno. Debería ser que, casi, casi, sea la única opción.

Se me ocurre que en algunos de los, creo que son tres, canales infantiles en abierto, se podría ubicar un programa con recomendaciones de literatura infantil o juvenil. Y sobre el resto de canales casi que no sugiero nada, no sea que nos sorprendan con la creación del "Chiriguito de lectores" ;-)

P.D.: si alguien se anima a ver el primer programa de ConvénZeme, aquí lo tiene completo

P.D. 2: Bueno, he mentido en el primer párrafo. Acabo de ver el programa, tal vez espoleado por la corta duración del mismo. A mí el formato de las recomendaciones me parece atractivo, me gusta que también descarte pero claro, para mí son muchas más valiosas las opiniones de cualquier contacto en redes, o de cualquier amigo, que las de las personas seleccionadas por Milá; coyunturalmente ninguno de ellos me ha parecido interesantes, y menos sus recomendaciones ni las de la presentadora, y al final voy a acabar dando la razón a Olmos. Aún así, bienvenido el programa, ocupa un hueco, está dirigido a un tipo de lector. Ahora nos faltan el resto de las opciones.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Qué sería de nosotros sin librerías

Como seguramente ya sabréis, hoy 11 de noviembre se celebra el Día de las Librerías y desde sinerrata queremos honrar a esos espacios y a las personas que los habitan y gestionan, los libreros, por la labor que hacen todos los días del año.

En mi caso, tengo que agradecerles que me desvelaran, junto a la nutrida biblioteca de mis padres, todo un mundo cargado de historias, viajes, personajes y nuevos mundos en forma de libros. Además, hay una serie de beneficios que, incluso en este mundo interconectado, solo puedo encontrar en ellas:

  • Mi librero me conoce. A mí, mis gustos y mi biblioteca; no soy capaz de recordar una sola vez en la que me recomendara un libro que no me gustara.
  • La librería es también un punto de encuentro. Mi librería de cabecera, como la gran mayoría, organiza presentaciones y otras actividades donde encontrarse con otros lectores y escritores.
  • Son la puerta a nuevos descubrimientos. Son incontables las veces que he salido de la librería con un libro que no conocía hasta encontrármelo en sus estanterías o mesas, y que seguramente no habría descubierto de no ser allí.
  • Promueven nuevos retos. ¿No os habéis encontrado leyendo algo que no es precisamente vuestro género o temática favoritos solo porque vuestro librero os lo ha recomendado u os ha llamado la atención en la librería? Yo sí, a menudo.
Cualquier momento es bueno para visitar una librería, de hecho, cuanto más lo hagamos mucho mejor, pero hoy sin duda hay que hacerlo sin falta, no solo para celebrar su día, sino también para disfrutar de las fantásticas actividades que han preparado en la mayoría de ellas.

¡Feliz #díadelaslibrerías 2016!

Ah, y ya sabéis que algunos de nuestros libros en formato digital también se pueden encontrar en estas librerías gracias a las tarjetas de descarga de SeeBook.

jueves, 20 de octubre de 2016

Pérez-Reverte, Rico, Dylan y otros chicos del montón

No es mi intención, con la redacción de este breve artículo, mediar en la, (como decía hace tiempo un presentador), "agria polémica" entre Arturo Pérez-Reverte, de sobra conocido por todos, y el filólogo Francisco Rico, ambos, recuerdo, miembros de la Academia de la Lengua.

El que quiera un resumen de los tres artículos que han intercambiado tiene uno en este artículo de El Diario. Al primer texto de Reverte, sobre el sexismo en el lenguaje, y la posición de la Academia al respecto, interesante pero faltón en exceso, como casi siempre, contestó Rico, y Reverte intenta poner la puntilla, a mi juicio desviándose del tema.

No quiero entrar en el fondo del tema, sino en la forma. ¿Estás polémicas son buenas? Lo pregunto, os lo pregunto porque yo en principio pensaba que no, pero claro, tal y como defiende más de un escritor en las redes sociales, se está hablando de literatura y la discusión tiene cierto nivel intelectual. Aunque me temo que, como yo mismo acabo de hacer, nos estamos interesando más por la ¡pelea, pelea! que por el tema a debatir. 

Tal vez Rico y Reverte solo busquen ser los Góngora y Quevedo de nuestra época, no lo sé. 


En el caso de Bob Dylan, yo le he metido en el titular, y los encargados de otorgar el Premio Nobel de literatura, le han metido en la polémica cultural del mes sin que él lo haya pedido. De hecho a día de hoy al parecer Bob no les coge el teléfono para "hablar del tema". En este caso, sí que puedo decir con rotundidad, que la polémica generada ha sido más que interesante. He leído argumentos a favor y en contra de la decisión muy interesantes, se ha hablado de literatura, y de sus límites. En conjunto considero que ha sido una decisión acertada, no por lo decidido, que yo no me considero preparado para juzgarlo, sino por sus consecuencia, (a corto plazo).

viernes, 14 de octubre de 2016

Nos sumamos a #LeoAutorasOct

La campaña #LeoAutorasOct, como más de uno ya habrá adivinado consiste en darle un impulso a la literatura escrita por mujeres, leyendo durante este mes libros de escritoras. La hemos conocido gracias a Lecturafilia, el blog de Tensy Gesteira, vieja conocida de esta casa ya que acostumbramos a confiar en ella como una de las primeras lectoras de nuestros libros.

En su blog nos cuenta sus motivaciones para participar:
Como en los últimos tiempos este blog ha ido adquiriendo una perspectiva de género con la lectura y tratamiento de obras de mujeres, me he interesado rápidamente por participar.
También nos habla de otras blogueras que participan en la iniciativa y, por supuesto, nos hace varias recomendaciones de lectura, por si alguien no sabe por dónde empezar; aunque lectura escrita por mujeres hay mucha, muchísima, y de gran calidad, siempre son bienvenidas las recomendaciones, y os invitamos a dejar las vuestras en los comentarios del blog y/o en redes sociales.

Nosotros nos hemos querido sumar a esta iniciativa por un lado como lectores, claro está, pero también como editorial, poniendo los tres e-books de nuestra autora Lucía Solaz a mitad de precio hasta casi fin de mes, el 30 de octubre. Os dejamos los enlaces a dos de las tiendas, Lektu, y Amazon, si os interesa cualquier otra tienda preguntadnos por aquí o en nuestras redes:

Si os sumáis a esta idea y habláis de ello en redes sociales que no se os olvide usar el hashtag #LeoAutorasOct. Leed cualquier libro y contadlo, hablad de la autora y de su obra.

P.D.: Nuestra editorial amiga, 2709 books, también se ha sumado a esta iniciativa.

jueves, 6 de octubre de 2016

Lectura, encuestas, estadísticas y titulares

Uno de los temas que más preocupa, o debería preocupar, a todos los que nos dedicamos a esto de los libros, seamos editores, autores, libreros o bibliotecarios, es el de los índices de lectura. Lo habitual, cuando hablamos de cuánto se lee, es afirmar que se lee muy poco e, incluso, que se lee muy mal. Por cierto, me resulta curioso ese concepto, el de leer mal, porque me da la impresión de que quien lo afirma normalmente quiere decir que no se lee lo que él (o ella) juzga como contenido de calidad, y eso es algo que me parece de una soberbia digna de ser tratada.

De hecho, yo soy de la opinión de que hoy en día se lee más que nunca, aunque no sea en el formato tradicional: libros, periódicos, revistas. En cambio, nuestros jóvenes, y los que no lo somos tanto, pasamos además una buena cantidad de tiempo diario leyendo entradas de blogs, artículos en redes sociales y toda clase de mensajes recibidos a través de los nuevos canales que la tecnología nos proporciona. Eso no es literatura, por supuesto, pero definitivamente es leer, ¿o no?

En el último barómetro del CIS, el de septiembre, encontramos datos sobre la lectura y los españoles y lo que más se ha destacado en los titulares es el más del 36% de españoles que no lee nunca, o el 42,3% al que no le gusta leer. Este último titular ya es de nota, no solo por utilizar un porcentaje tan preciso, incluyendo decimales, sino porque da a entender que de cada diez españoles, cuatro odian la lectura, cuando en realidad, son cuatro de cada diez de los que afirman no leer nunca o casi nunca; es decir, es el 42,3% del 36,1%, que, si mis modestas matemáticas no me fallan, viene a ser un 15% del total. Vaya cambio en el titular, digo yo. Por cierto, el subtítulo en el primer artículo es que más de la mitad de los encuestados no han comprado ningún libro en el último año, y yo me pregunto, no por primera vez, si no será que a algunos les importa más ese hecho que lo mucho o poco que se lea. Ah, y otro inciso: ninguno de los dos titulares lo especifica pero los resultados que se mencionan son acerca de la lectura de libros en exclusiva.



Como parte del mundo editorial, considero mi responsabilidad fomentar la lectura y creo que es parte esencial de nuestro trabajo promulgar las infinitas bondades de esta maravillosa actividad, y esta es mi particular visión, para que cada uno lea cuando, como y lo que quiera. Y, por supuesto, me inquieta cuando estas encuestas muestran índices con, cómo decirlo, grandes márgenes de mejora. Sin embargo, aun pecando de ingenuidad, creo que los mensajes positivos llegan mucho más lejos que los negativos y llevarnos las manos a la cabeza, resaltando lo poco que leemos los españoles y lo menos aún que nos interesa (aunque no sea matemáticamente cierto), no va a mejorar nada. Al fin y al cabo, casi un tercio de los participantes en la encuesta (el 28,6%, para ser exactos) afirma leer todos o casi todos los días, y ese no me parece un mal dato sobre el que trabajar.

Ya para terminar, me han llamado la atención un par de resultados de este barómetro. Por un lado, el índice de lectura en los transportes públicos, que apenas es del 2,4%. ¿En serio? ¿Y todos esos lectores que veo en el autobús o en el metro cada día? ¿Es que solo van en mi vagón? Y por otro, la propia concepción que tienen los encuestados del nivel de lectura en España: casi el 70% piensa que en nuestro país se lee poco. El mensaje negativo cala, o eso parece.